Dominical, Puntarenas · dirección aproximada
ID# 117364. Villa con piscina a la venta en Dominical, Puntarenas. 2 habitaciones, 3 baños, 370 m² de construcción, 26.600 m² terreno, US $1.200.000. Enclavada en lo alto de una verde ladera con vistas imponentes al océano Pacífico, esta residencia en Dominical, Puntarenas, redefine la vida de lujo en un entorno tropical. La propiedad se despliega sobre un terreno de cinco acres que fusiona elegancia arquitectónica con una profunda conexión con la naturaleza, creando una atmósfera de serenidad absoluta. Desde el primer instante, la casa revela su carácter: espacios amplios, líneas limpias y una armonía fluida entre el interior y el exterior. Las áreas sociales están concebidas para el disfrute sensorial, con un diseño abierto que conecta la sala, el comedor y la cocina gourmet con la piscina infinita, logrando un diálogo visual perfecto entre el cielo, el mar y la selva. Esta piscina, con bar hundido y vistas despejadas, se convierte en el punto de encuentro ideal para atardeceres inolvidables, cóctel en mano y la brisa marina acariciando el ambiente. La cocina, diseñada para inspirar, cuenta con sobres de granito, una isla de desayuno central y todo el equipamiento necesario para quienes disfrutan cocinar o recibir visitas. Dos habitaciones exquisitamente decoradas completan el espacio interior. La suite principal ofrece una experiencia tipo resort: cama king-size, baño privado, walk-in closet y un amplio balcón desde donde se puede contemplar la salida del sol en completa privacidad. El segundo dormitorio, con una configuración flexible de camas individuales y king-size, es perfecto para visitas, familia o incluso para convertirlo en un espacio de trabajo o meditación. Todo ha sido pensado para ofrecer confort sin concesiones, incluyendo detalles como cajas fuertes, puertas electrónicas y acabados de alta calidad. Más allá de la casa, la propiedad ofrece un parque botánico privado de más de dos hectáreas, con más de cien especies de plantas exóticas, árboles frutales y senderos naturales que se internan en la selva. Este santuario natural permite observar de cerca la fauna local —monos aulladores, tucanes, mariposas— y reconectar con el entorno de forma auténtica, lejos del ruido urbano y el ritmo acelerado. Vivir aquí es acceder diariamente a una experiencia multisensorial donde la biodiversidad, la tranquilidad y el diseño se entrelazan en equilibrio perfecto. A tan solo ocho minutos en automóvil se encuentra Playa Dominicalito, una joya del Pacífico Sur reconocida por su belleza escénica y sus aguas tranquilas, ideales para nadar, surfear con seguridad o simplemente relajarse bajo el sol. Esta playa, más serena que la vibrante Dominical, es el punto de partida perfecto para explorar las riquezas naturales de la zona. Dominical, en sí, es un destino que ha sabido conservar su autenticidad mientras evoluciona con propuestas gastronómicas, cafés orgánicos, estudios de yoga, tiendas artesanales y actividades de ecoturismo. Su crecimiento ha sido orgánico y consciente, lo que lo convierte en un lugar ideal tanto para quienes buscan una segunda residencia como para quienes desean invertir en un mercado de alta demanda y con potencial de plusvalía sostenida. Además del mar y el entorno selvático, la zona ofrece acceso a una amplia gama de aventuras al aire libre: canopy entre las copas de los árboles, caminatas a cascadas escondidas, paseos a caballo por la montaña, excursiones para el avistamiento de ballenas en temporada, entre muchas otras experiencias que definen la vida en el Pacífico Sur de Costa Rica. Todo esto sucede en un entorno seguro, con buena conectividad y una comunidad internacional creciente que valora la calidad de vida, la sostenibilidad y el bienestar. Adquirir esta propiedad no es simplemente invertir en una casa, es entrar en un estilo de vida donde la belleza natural, el confort moderno y la tranquilidad se entrelazan. Es un refugio íntimo para crear recuerdos imborrables con los seres queridos, un legado familiar en uno de los lugares más cautivadores del país, y una oportunidad para vivir —o compartir— la magia real de Costa Rica.